Amistades que son ciertas, nadie las puede turbar

“Amistades que son ciertas, nadie las puede turbar”
(Don Quijote a Sancho)

La compañía, la cercanía y la amistad son tres formas de prevenir el sentimiento de soledad. El Proyecto de prevención de la Soledad No Deseada en la ciudad de Madrid comenzó con sus actividades hace algo más de año y medio. Tras este periodo de trabajo de sensibilización y de esfuerzo por reconectar a las personas con sus vecinos y vecinas y con sus barrios, recogemos algunas impresiones y testimonios personales que usuarios y usuarias se han animado a compartir.

Es el caso de un vecino que ha estado acudiendo a las actividades en los distritos de Salamanca-Retiro.

“Quería daros las gracias. Ya no vamos a coincidir en las visitas a los museos. Os cuento que empecé a trabajar el lunes pasado. Quería agradeceros mucho vuestro apoyo, porque participar en estas actividades me ha motivado y animado.  Estoy seguro de que el trabajo me salió por estar más animado, contento y con ganas de hacer nuevas cosas. Espero volver a veros en la próxima quedada que pueda coincidir”.

También compartimos la nota que nos dejó Estela:

“Quería agradecerles que realicen actividades como la petanca los miércoles y la ruta WAP los jueves porque… me llenan de vida.”

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En ciertas ocasiones nos llegan relatos personales como el caso de una joven de un instituto de Carabanchel:

“Me sentía muy mal conmigo misma. No sabía muy bien qué me pasaba, pero me notaba incapaz de todo, muy poquita cosa. La clase que nos dieron en el insti sobre Soledad No Deseada me hizo pensar. Gran parte de lo que sentía se correspondía con lo que me explicaron. Hablamos de autoestima y confianza en sí mismo. Algo me hizo clic. Era como el problema del huevo y la gallina. No estaba muy claro si la soledad me estaba produciendo falta de confianza en mí, o era al contrario. El caso es que lo vi muy relacionado y quise cortar ese círculo vicioso.  Me puse las pilas y comencé a dejarme a ayudar, a participar en conversaciones, en actividades… Me esforcé por no autoaislarme y, por lo menos en mi caso, fue como magia. Cuanto más me relacionaba con gente, mejor me sentía. El caso es que, a día de hoy, cuando me acuerdo de mí en esa época donde no me gustaba nada… suspiró aliviada. La verdad, me siento orgullosa de mí. Porque lo hice: ver el problema, y a por él, a solucionarlo. Eso sí, gracias a los formadores que me dieron la clave. Gracias.”

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