El abrazo necesario

Con motivo de la reciente celebración del Día internacional del abrazo el 21 de enero, nos hemos parado a pensar qué es lo que nos hace sentirnos bien. No debemos olvidar la gran importancia que adquiere para nuestro bienestar el cuidado de nuestras relaciones sociales. Los abrazos son un gesto de aprecio a la otra persona y por eso nos gusta darlos y recibirlos.

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Somos por definición seres sociales. Desde que nacemos, somos dependientes. En la primera etapa es imprescindible que alguien de nuestro entorno nos sustente y nos cuide. Y esta dependencia continúa hasta el final de nuestras vidas, por mucho que creamos ser autosuficientes.

En lo que concierne específicamente a personas mayores, ya hay evidencia científica de los efectos beneficiosos de las relaciones sociales en la longevidad, la capacidad funcional y la salud mental. Los resultados demuestran que las redes y mecanismos psicosociales construidos a lo largo de la vida juegan un importante papel en el logro de un envejecimiento saludable. Se ha demostrado el efecto beneficioso de la integración en actividades de la comunidad donde se vive, así como la disponibilidad de alguien confidente, las relaciones familiares y la continuidad del papel activo de la vida familiar y de las amistades.

El riesgo de la soledad no deseada

Cierto es que hay veces que necesitemos encontrar momentos de soledad, estos no son malos si no se hacen crónicos. Pueden ser esenciales para encontrar tranquilidad, descanso o para momentos creativos o de reflexión.  Sin embargo, la falta de relaciones puede derivar en soledad no deseada y esto puede acabar siendo perjudicial para nuestra salud.

 

Varios estudios demuestran que la insuficiencia de relaciones afecta a la salud psicológica y emocional pudiendo producir baja autoestima, desgana, frustración, ansiedad, abatimiento, aislamiento, tristeza y depresión.  Asimismo, la soledad también tiene consecuencias para la salud social de la persona. Implica tener menos relaciones con el entorno familiar, vecinal y del barrio en lo cotidiano, así como más dificultades de acceder a espacios comunitarios de cultura, ocio y deporte.

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Incentivar las relaciones sociales en las personas mayores es algo muy positivo para su calidad de vida. Al relacionarnos, el estado de ánimo mejora y nos aporta grandes beneficios. Debemos, por tanto, fomentar las relaciones interpersonales de personas mayores. Intentar mantener más encuentros, pero sobre todo de mejor calidad, evitando la exclusión, estimulando la conversación y la interacción.

Es importante intentar ir más allá del núcleo familiar. Invitarnos a conocer nueva gente, o entablar vínculos más cercanos con la gente que ya conocemos.

Debemos mantener hábitos rutinarios tan sencillos como comprar el pan, ir al mercado, dar paseos diarios o acudir a alguna asociación, centro del mayor o casa cultural para hacer actividades de ocio y educativas. Visitar a familiares, relajarse en un parque o, en la medida de lo posible, practicar turismo, ayudará a activar las relaciones sociales.

Hacer voluntariado para las personas mayores ejerce un gran beneficio.  Sentir que hacemos algo útil, mantenemos actividad y nuestra aportación ayuda, nos provoca casi siempre un sentimiento de empoderamiento, felicidad, gratitud y por tanto una subida de la autoestima que redunda en el bienestar físico y anímico.

Otros recursos para prevenir la soledad y construir nuevas relaciones sociales o mantener vivas las existentes son participar en cualquier actividad que ofrezca el barrio o distrito donde se vive. Madrid es capital de cultura y del ocio, con amplias zonas verdes y multitud de puntos de encuentro. Ven a conocernos.

https://soledadnodeseada.es/actividades/

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