Soledad y Adolescencia

La adolescencia es un periodo que lleva asociados muchos cambios, tanto físicos como psicológicos, ya que es en esta etapa cuando el/la niño/a tiende a crear una personalidad propia, tratando de independizarse de la constante influencia de sus madres y padres.

La pertenencia al grupo y su reconocimiento es de gran importancia en la adolescencia. Contar con una o varias relaciones de íntima confianza en esta etapa es esencial. Se prefieren personas de la misma edad o similar, ya sean amistades, familia, parejas, porque así se comparten desde el mismo punto de vista los mismos problemas, intereses, gustos y tendencias y se van forjando unos vínculos sólidos que proporcionan seguridad emocional.

En ocasiones, no se consigue establecer una relación personal satisfactoria con gente del entorno y, si esta sensación de soledad deja de ser puntual y se alarga en el tiempo, puede llegar a afectar negativamente.

Algunas de las causas de este sentimiento de soledad no deseada son las mismas que afectan a otras etapas vitales, no solo en la adolescencia: la baja autoestima, un duelo por la pérdida de una persona querida, un cambio de residencia -por tanto, un déficit de relaciones con el entorno anterior, tanto en el barrio, como en el centro educativo-, impedimentos por enfermedad, quizás complejos por apariencia física y, frecuentemente, el miedo al rechazo por alguien considerado influyente.

Si se dan varios de estos factores simultáneamente, el riesgo de sentir soledad no deseada se puede ver agravado. Por eso es tan importante contar con alguna relación de verdadera confianza que genere alivio ante el estrés que provoca cualquier factor adverso.

Cómo afrontar situaciones difíciles

  

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Puede suceder y sucede que, en ocasiones, la persona afectada ni siquiera sea consciente de que está pasando por esta experiencia y que no sepa que la soledad no deseada es una causa fundamental que le está llevando a esta situación que le afecta negativamente.

Es importante que, en el hogar, el/la adolescente cuente con apoyo. El papel de toda la familia es fundamental para darle serenidad y confianza. Cuando lo requieran, las personas adultas deben escuchar y prestar atención a cualquier comentario que pueda indicar una señal de petición de ayuda, sin intentar imponer sus criterios, pero sí guiándole por itinerarios realistas, que le ofrezcan alternativas positivas a la situación de soledad que está viviendo. Un ambiente familiar donde se promueva el diálogo, el apoyo, la sinceridad y transparencia, el humor, el compartir experiencias que den perspectiva a la o el adolescente es un valor muy necesario para jóvenes que pueden verse en situaciones tristes o angustiosas.

Aprender a sentirnos mejor cuando se pasa por una situación de soledad no deseada y asumir que habrá momentos de este tipo a lo largo de la vida es parte del trabajo de ir viviendo. Pero también lo es darnos cuenta de que hay claves para prevenir y/o paliar estas situaciones que están, en parte, en la mano de todos y todas. Podemos conseguir salir de estas situaciones, o por lo menos, por intentarlo, que no quede.

En la adolescencia, en la medida que vamos integrando una forma de vida saludable que nos ayudará a estar con más actividad y encontrar mejoría física, se elevará nuestra autoestima. Desterremos la pereza de nuestro día a día y marquemos unas pautas a cumplir con energía. En la medida que vayamos consiguiendo las pequeñas metas marcadas, nos vamos a sentir mejor. En el fondo lo sabemos, no nos pongamos excusas. Dormir unas reparadoras ocho horas por la noche, activarnos con una buena ducha y desayunar, comer y cenar saludablemente junto con un poco de ejercicio diario favorecerá nuestra autopercepción.

Algo tan importante como sentirnos bien físicamente es intentar mejorar nuestros pensamientos sobre cómo somos y cómo tendríamos que relacionarnos con las demás personas. Intentar tener buen trato con quienes nos rodean, profesorado, el resto de alumnado, vecinos y vecinas, es fundamental para crear un ambiente favorable para lograr vínculos más profundos. Reforzar los pensamientos positivos y ver cómo podemos ser de ayuda al resto de nuestro entorno, ayudará a alejar sensación de soledad y exclusión. Ser amable y positivo se contagia, y con el tiempo da frutos. A veces esperamos que las situaciones de encuentro sucedan, nos vengan dadas, pero no siempre es así. Si nos abrimos a generar estas ocasiones, o al menos a no rechazarlas si llegan, tendremos más oportunidades.

Son cambios en nuestra forma de vernos, en la manera de interactuar con las demás personas, que no se conseguirán en un día, y hay que trabajar en la mejora día a día. Intentemos sonreír, nos gustaremos más, y aunque la situación actual no sea la mejor, la actitud positiva puede conseguir que la soledad dure menos.

Recursos a nuestro alcance

Hay momentos en soledad que pueden ser bienvenidos y hasta productivos. Podemos dar rienda suelta a las aficiones personales, a la creatividad, a la reflexión y la tranquilidad. Siempre que la soledad sea elegida, no debemos temerla. Pero es necesario tener herramientas o recursos para poder utilizar en caso de que la soledad se intensifique y comience a sentarnos mal.

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La clave fundamental para alejar esta situación no bienvenida, son las relaciones sociales, y mejor de calidad que de cantidad. Los recursos más útiles para encontrar estas relaciones suelen ser los más cercanos, están en el barrio o en el distrito. Son esos espacios que nos permiten conectar con otras personas haciendo actividades que nos parezcan interesantes. Pongamos solo unos ejemplos: ¿nos gusta el deporte? Podemos unirnos a clases de fútbol en el polideportivo, al grupo de patinaje de la plaza los sábados o al club de ciclismo del barrio de los domingos. ¿Que nos apetecen más las actividades culturales, artísticas o escénicas? Apuntémonos al grupo de teatro del instituto, probemos las clases de baile o de fotografía del Centro Joven o vayamos al coro de la escuela de música. También hay grupos de ajedrez, de pintura, de acción social, voluntariado, de activistas por el medio ambiente, y muchos más en nuestra ciudad. Encontrar a gente con nuestras mismas aficiones y crear vínculos de amistad más profunda es menos difícil de lo que pueda parecer.

La clave es animarse, ponernos en modo positivo “on”, y empezar a pensar qué nos apetece hacer en nuestro tiempo libre, porque desde ya, podemos comenzar a buscar una actividad que nos guste y nos enganche a nuevas relaciones personales que alejarán la soledad no deseada.

Si no sabes bien cómo empezar, te proponemos acercarte hasta el Centro Joven. Está en la calle Navas de Tolosa, en la segunda planta. Allí acuden otras personas en esta situación, jóvenes que ahora se sienten menos solos y solas, porque entre otras actividades quedan para compartir tiempo, historias, quedadas.  Por ejemplo, los martes se reúnen en el grupo de apoyo mutuo. Los lunes aprenden a tejer y coser mientras hacen amistades y otros días salen del centro para visitar espacios interesantes, salir de carnaval o acercarse hasta el Centro de Protección Animal.

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